En el debate sobre la corrupción, es habitual caer en una condena generalizada: señalar a “la clase política”, al “sistema” o al “bipartidismo”, sin reparar en los matices que diferencian cada caso. Sin embargo, como recuerda el filósofo Daniel Innerarity en su artículo “La corrupción y sus tipos” publicado en El País (25 de julio de 2025), la clave para abordar el problema con rigor está en la capacidad de distinguir entre las distintas formas de corrupción, sin por ello justificar ninguna de ellas.
Innerarity, profesor de Filosofía Política y autor de Una teoría crítica de la inteligencia artificial (Galaxia Gutenberg, Premio Eugenio Trías de Ensayo), subraya que distinguir no significa relativizar la gravedad de los hechos, sino analizar las diferencias para evitar confusiones interesadas que puedan favorecer a los verdaderos responsables. Comparar sin matices, advierte el autor, debilita los argumentos y puede tener efectos graves en la percepción pública y en la salud democrática.
El artículo destaca dos tipos principales de corrupción:
- Corrupción penal: Aquella en la que individuos particulares infringen la ley por interés propio. En estos casos, la respuesta adecuada es la acción de la justicia, capaz de restablecer el equilibrio violado.
- Corrupción política estructural: Se da cuando quienes poseen poder utilizan sus cargos para modificar la ley en beneficio de intereses privados. Este fenómeno requiere, además del castigo judicial, una intervención política y legislativa, pues afecta al funcionamiento mismo de las instituciones.
Innerarity critica la tendencia a calificar de “corrupción sistémica” cualquier escándalo, advirtiendo que la hipérbole nos deja sin lenguaje preciso para abordar situaciones realmente graves, como aquellas en que el poder se emplea para corromper la ley misma y no sólo para infringirla.
Para el autor, la democracia exige juzgar con rigor, no caer en el cinismo ni en las generalizaciones que llevan a la desilusión o al autoritarismo. Tanto en la educación como en la práctica ciudadana, es esencial enseñar a distinguir, a analizar con profundidad y a condenar la corrupción en todas sus formas, sin renunciar a la capacidad de juicio crítico.
“La pereza intelectual es también una forma de corrupción; distinguir es más difícil que confundir, pero esto último suele ser moralmente reprobable y muy dañino políticamente”.
La lección fundamental, desde la perspectiva educativa, es que el análisis histórico y político exige herramientas de distinción y pensamiento crítico, para no convertirnos en víctimas de la confusión que beneficia a los corruptos.
: Innerarity, Daniel. «La corrupción y sus tipos». El País, 25 de julio de 2025.
Nota: Daniel Innerarity es catedrático de Filosofía Política en Ikerbasque y en el Instituto Europeo de Florencia, y acaba de publicar Una teoría crítica de la inteligencia artificial (Galaxia Gutenberg).
Este artículo es ideal para fomentar el debate en el aula o reflexionar sobre la importancia del pensamiento crítico en la vida democrática.
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