La guerra de Augusto contra cántabros y astures

Fuente: Emilio Gómez Fernández - Trabajo propio Cantabria durante el periodo de las Guerras Cántabras. El mapa señala las fronteras aproximadas del territorio cántabro en relación con la Cantabria actual así como las distintas tribus que lo habitaban, los pueblos vecinos, ciudades y accidentes geográficos interpretados a partir de fuentes clásicas. CC BY-SA 3.0

«En Occidente, casi toda Hispania estaba pacificada, a excepción de la parte que toca las últimas estribaciones de los Pirineos y que baña el océano Citerior. En esta región vivían pueblos valerosísimos, los cántabros y los astures, que no estaban sometidos al Imperio. Fueron los cántabros los primeros que demostraron un ánimo de rebelión más resuelto, duro y pertinaz. No se contentaron con defender su libertad, sino que intentaron subyugar a sus vecinos los vaceos, túrmogos y autrigones a quienes fatigaban con frecuentes incursiones. Teniendo noticias de que su levantamiento iba a mayores, César no envió una expedición, sino que se encargó él mismo de ella. Se presentó en persona en Segisama e instaló allí su campamento. Luego dividió al ejército en tres partes e hizo rodear toda Cantabria, encerrando a este pueblo feroz en una especie de red, como se hace con las fieras […]. Los astures por ese tiempo descendieron de sus nevadas montañas con un gran ejército […] y se prepararon a atacar simultáneamente los tres campamentos romanos. La lucha contra un enemigo tan fuerte, que se presentó tan de repente y con planes tan bien preparados, hubiera sido dudosa, cruenta y ciertamente una gran carnicería, si no hubieran hecho traición los brigicinos […). Estas luchas fueron el final de las campañas de Augusto y el fin de la revuelta de Hispania. Desde entonces sus habitantes fueron fieles al Imperio y hubo una paz eterna, ya por el ánimo de los habitantes que se mostraban más incitados a la paz, ya por las medidas de Polibio, Historias, II, 13, 3-7 (cfr. A. Lozano y E. Mitre, op. cit., p. 115). César quien, temeroso del refugio seguro que les ofrecian las montañas, les obligó a vivir y a cultivar el terreno de su Tomó mando tiranis campamento, que estaba situado en la llanura. Allí debían cuando anibal partió a Roma tener la asamblea de su nación y aquella debía ser su capital

La naturaleza de la región favorecía estos planes, ya que toda ella es una tierra aurífera y rica en borax, minio y otros colorantes. Allí les ordenó cultivar el suelo. Así, los astures, trabajando la tierra, comenzaron a conocer sus propios recursos y riquezas mientras las buscaban para otros».

Floro, Compendio de la Historia de Tito Livio, XXIII, 46 y ss. (cfr. A. Lozano y E. Mitre, op. cit., pp. 119-120)

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