
La persona más importante de mi vida, con quién convivo desde hace muchos años, y por la que siento un amor y una admiración infinitas, suele utilizar a menudo la expresión “hechos y no palabras”, cómo resumen de otra expresión más conocida, «Obras son amores y no buenas razones», formulada por Lope de Vega en una de sus obras y que se ha terminado convirtiendo en refrán popular en la lengua española. Esta expresión enfatiza la idea de que las acciones concretas y llevadas a la práctica tienen más valor que las simples palabras o excusas. En otras palabras, lo que realmente demuestra el amor, en el más amplio sentido de la palabra, cuyos significados complementarios o paralelos pueden ser los de compromiso, dedicación, agradecimiento, reconocimiento o cualquier otra intención, son las acciones y no las palabras.
Leer más: Obras son amores y no buenas razonesEs similar al dicho inglés «Actions speak louder than words» (las acciones hablan más que las palabras) que sostiene que lo que una persona hace es más indicativo de su intención o sentimiento que lo que dice.
Este refrán puede aplicarse en muchos contextos, desde relaciones personales hasta compromisos profesionales. Me gustaría ejemplificar este refrán dentro del mundo de la educación, de dos maneras posibles, por un lado entre profesor y alumnos y otra entre compañeros docentes, para que así se entienda mejor y nos sirva a todos para mejorar.
La relación entre un profesor y sus alumnos es fundamental para el proceso educativo. El refrán «Obras son amores y no buenas razones» puede aplicarse en este contexto de diversas maneras. A continuación, presento algunos ejemplos:
Compromiso del profesor: Un profesor puede decir siempre que se preocupa por el éxito de sus estudiantes, pero si no dedica tiempo fuera de clase para preparar lecciones, no ofrece apoyo adicional a quienes lo necesitan o no se muestra dispuesto a adaptar su método de enseñanza para acomodarse a diferentes estilos de aprendizaje, sus acciones no coinciden con sus palabras.
Interés del alumno: Un estudiante puede afirmar que realmente quiere mejorar en una materia o que valora la educación. Sin embargo, si no estudia para los exámenes, no entrega sus trabajos a tiempo o no participa activamente en clase, sus acciones pueden indicar lo contrario.
Feedback y comunicación: Un profesor puede asegurar que valora la retroalimentación de los estudiantes. Sin embargo, si cuando un estudiante se acerca con una preocupación o una sugerencia, el profesor lo descarta o no toma medidas al respecto, entonces sus acciones no respaldan sus palabras.
Respeto en el aula: Un estudiante podría afirmar que respeta a su profesor y a sus compañeros, pero si interrumpe constantemente, habla en voz alta mientras otros están hablando o se burla de las respuestas de otros estudiantes, sus acciones demuestran lo contrario.
Uso de la tecnología: Si bien un profesor puede argumentar que la incorporación de tecnología en el aula es esencial para el aprendizaje moderno, si solo usa diapositivas durante las clases y no integra otras herramientas o plataformas interactivas que podrían beneficiar el aprendizaje, entonces sus acciones no están alineadas con sus declaraciones.
Este mismo refrán puede aplicarse también a las relaciones entre docentes y a las relaciones entre docentes y los equipos directivos de los centros educativos. Veamos algunos ejemplos:
Colaboración entre docentes: Un docente puede afirmar que está dispuesto a colaborar y compartir recursos con sus colegas. Sin embargo, si cuando se le pide ayuda o se le sugiere trabajar en equipo, siempre encuentra excusas o guarda sus mejores materiales solo para sí mismo, sus acciones no respaldan sus palabras.
Directivos y promesas: Los directivos de un centro educativo pueden prometer recursos, capacitaciones o mejoras en las instalaciones para el próximo año académico. Si estos no se materializan y no hay una justificación clara, la confianza de los docentes en la administración puede disminuir.
Apertura a nuevas ideas: Un director o jefe de departamento que siempre dice estar abierto a nuevas ideas y sugerencias, pero que sistemáticamente desestima o ignora las propuestas innovadoras de los docentes, muestra con sus acciones que no es tan receptivo como afirma.
Comunicación efectiva: Los directivos pueden destacar la importancia de la comunicación abierta y transparente. Pero si se toman decisiones importantes sin consultar o informar adecuadamente a los docentes, o si se evita dar retroalimentación constructiva, las acciones contradicen las palabras.
Oportunidades de crecimiento: Un centro puede afirmar que ofrece oportunidades de crecimiento profesional, pero si los roles de liderazgo o las posiciones avanzadas siempre se otorgan externamente o se basan en criterios que no están claros, los docentes pueden sentir que no hay un verdadero camino de progresión para ellos.
Cómo conclusión podemos decir que la coherencia entre palabras y acciones es esencial en la vida personal y profesional y especialmente en el ámbito educativo. Esto último es así porque enseñamos fundamentalmente con el ejemplo. Y lo es tanto en las relaciones interpersonales como en la gestión institucional, ya que las acciones llevadas a la práctica son más valiosas que las simples afirmaciones. Para construir confianza y retener talento, los centros educativos deben respaldar sus declaraciones con medidas tangibles, demostrando genuinamente el valor que otorgan a docentes y estudiantes.
Be the first to comment