En los últimos años se ha instalado una idea incómoda: lo que se enseña en las aulas y lo que se necesita en los puestos de trabajo ya no encaja, y no se trata de un simple desajuste puntual, sino de una brecha estructural que condiciona la capacidad de las empresas para innovar y competir. Esta reflexión recorre la entrevista al decano de IE Business School, Lee Newman, que propone dejar de hablar de soft skills (habilidades blandas) para centrarse en algo más exigente: las impact skills (habilidades de impacto), las habilidades que permiten “hacer que las cosas pasen” en entornos complejos.
Un mercado laboral que cambia más rápido que la escuela
Los informes del Foro Económico Mundial estiman que entre 2025 y 2030 se crearán 170 millones de nuevos empleos y desaparecerán alrededor de 92 millones, pero la verdadera revolución no está en el número de puestos, sino en que cerca del 40% de las habilidades actuales cambiarán antes de 2030. A la vez que crece la demanda de alfabetización en inteligencia artificial, análisis de datos o ciberseguridad, ganan peso competencias menos “programables” en un currículo: pensamiento analítico, adaptabilidad, aprendizaje continuo, liderazgo o resolución de problemas complejos.
En España, el SEPE lleva tiempo alertando de un fenómeno paradójico: sobran titulados, pero muchas vacantes se quedan sin cubrir por déficits de competencias muy concretas, desde el uso real de herramientas digitales en entornos de trabajo hasta la autonomía, la capacidad para resolver incidencias o el trabajo en equipo. El problema ya no es cuánta formación existe, sino hasta qué punto conecta con lo que se exige después en la empresa, lo que sitúa a los sistemas educativos ante una revisión profunda de su relevancia.
De contenidos a acción: qué son las “impact skills” (habilidades de impacto)
Newman es crítico con la etiqueta soft skills (habilidades blandas) porque sugiere algo accesorio o “blando”, cuando en realidad se trata de las habilidades más difíciles de enseñar y aprender. Propone hablar de impact skills (habilidades de impacto) para referirse al conjunto de capacidades cognitivas, conductuales y digitales que permiten a una persona entrar en un entorno de trabajo complicado y hacer que las cosas sucedan, incluso cuando el contexto es incierto y se trabaja con personas “difíciles”.
Aprender contabilidad financiera puede ser complejo, pero el procedimiento es directo; en cambio, gestionar un conflicto en un equipo o convencer a otros para aceptar una propuesta es mucho más difícil de sistematizar y evaluar. De ahí su defensa del “aprender haciendo” (learning by doing): enfrentarse a problemas reales y demostrar que se sabe actuar, en lugar de limitarse a acumular contenidos memorizados que rápidamente quedan desactualizados.
Un sistema educativo lento frente a empresas en modo “upskilling” (mejora de habilidades) continuo
Diversos análisis de la OCDE señalan que los sistemas educativos se diseñaron para mercados laborales relativamente estables y tienen dificultades para adaptarse a escenarios de cambio continuo. Por eso insisten en reforzar el aprendizaje a lo largo de la vida y en reconocer las competencias adquiridas fuera del sistema formal, en el trabajo o en entornos de educación no reglada, que hoy siguen infravaloradas pese a su creciente importancia para las empresas.
Mientras tanto, muchas organizaciones han decidido no esperar: el upskilling (mejora de habilidades) y el reskilling (reciclaje profesional) se han convertido en piezas estructurales de su estrategia, hasta el punto de que prefieren formar dentro lo que no encuentran fuera, priorizando la capacidad de aprender, reaprender y adaptarse por encima de las credenciales tradicionales. El título sigue contando, pero cada vez pesa más la demostración de que ese conocimiento puede ponerse en práctica cuando el contexto cambia, lo que Newman interpreta como una señal clara de que el sistema educativo no está reaccionando con la suficiente rapidez.
La IA en las aulas: de la “guerra fría” a la tutoría aumentada
Uno de los puntos más polémicos de la entrevista es el papel de la inteligencia artificial en la educación, que en muchos centros se ha gestionado como una amenaza más que como una oportunidad. Newman describe una “guerra fría tecnológica” en la que las instituciones prohíben la IA y se concentran en “cazar” a los estudiantes con herramientas de detección, en lugar de preguntarse si el problema no está en que se sigue evaluando como antes.
Si una IA puede generar un trabajo escrito en un minuto, insistir en ese tipo de tarea como evidencia principal de aprendizaje conduce a un callejón sin salida. En su lugar, defiende avanzar hacia un aprendizaje “aumentado por IA” (AI‑augmented learning), donde estas herramientas actúen como tutores que acompañan el proceso, ofrecen feedback (retroalimentación) continuo y ayudan al alumno a prepararse para resolver problemas reales, no a producir textos prefabricados.
Aprendizaje basado en desafíos (challenge‑based learning) y replanteamiento de la evaluación
La propuesta pedagógica de Newman se articula en torno al aprendizaje basado en desafíos (challenge‑based learning): el docente define qué necesita saber el estudiante, pero es flexible sobre cómo lo aprende (libros, IA, recursos en línea), centrándose en si después es capaz de abordar un problema real, como valorar una empresa de cara a una adquisición. No se busca una única respuesta correcta, sino evidencias de que el estudiante sabe aplicar criterios, analizar datos y tomar decisiones razonadas, distinguiendo entre respuestas mejores y peores.
El gran cambio estructural que considera urgente es repensar por completo la evaluación, entendiendo que la educación ya no puede limitarse a la transmisión de conocimientos, sino que debe desarrollar habilidades que solo se consolidan con práctica y feedback (retroalimentación). Sustituir un examen por otro no basta: se trata de pasar de comprobar si el estudiante recuerda información a comprobar si puede actuar con ella en contextos complejos, lo que conecta directamente con las demandas de impacto que las empresas están haciendo hoy al sistema educativo.
Impact skills en Geografía e Historia y la evaluación competencial LOMLOE
Newman propone sustituir la idea de soft skills (habilidades blandas) por impact skills (habilidades de impacto): habilidades cognitivas, conductuales y digitales que permiten “hacer que las cosas pasen” en contextos complejos. No es solo saber datos, sino saber actuar cuando el contexto es incierto y hay conflictos de intereses, algo muy cercano a lo que trabajamos en Geografía e Historia al analizar procesos históricos o territoriales.
En Geografía e Historia estas habilidades se traducen, sobre todo, en: pensamiento analítico al interpretar fuentes, mapas o gráficos; capacidad de resolver problemas complejos al estudiar fenómenos como el cambio climático o las migraciones; y trabajo en equipo para abordar proyectos de investigación histórica o geográfica. Si el mercado laboral está girando hacia este tipo de competencias, nuestra materia ofrece un laboratorio privilegiado para entrenarlas desde la adolescencia.
Aquí la LOMLOE se convierte en un aliado claro: la evaluación ya no se centra solo en contenidos, sino en competencias específicas y criterios de evaluación que describen lo que el alumnado debe ser capaz de hacer con esos contenidos. En Geografía e Historia, por ejemplo, se plantean competencias como “buscar, seleccionar, tratar y organizar información relevante usando críticamente fuentes históricas y geográficas” o “indagar, argumentar y elaborar productos propios sobre problemas geográficos, históricos y sociales actuales”, cada una acompañada de criterios de evaluación que concretan el desempeño observable.
Cuando en el aula se diseñan situaciones de aprendizaje que se parecen a los desafíos que describe Newman —un proyecto sobre desigualdad territorial, una simulación de toma de decisiones en un conflicto internacional, un estudio de caso sobre migraciones— y se valoran con rúbricas ligadas a esos criterios de evaluación, se está haciendo verdadera evaluación competencial. Es decir, se está midiendo impacto: la capacidad del alumnado para aplicar saberes geográficos e históricos en contextos significativos, justo en la línea de las impact skills que las empresas declaran estar buscando.
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